¿Crisis Humanitaria en España?


 

 

¿Crisis Humanitaria en España?


Las crisis humanitarias no son monopolio de los países subdesarrollados, como tampoco lo son los rescates financieros, la ayuda oficial al desarrollo o la recepción de remesas de emigrantes. En este mundo global todos somos vulnerables. La seguridad humana se está diluyendo. Es una sociedad del riesgo global y España no es ajena.
Por José Moisés Martín Carretero (@jmmacmartin), miembro de Economistas Frente a la Crisis.
La crisis económica y social que estamos viviendo tiene muchas vertientes. Y quizá una de las menos explicadas es la vertiente de sus víctimas. Personas concretas, con proyectos vitales rotos, o prematuramente malogrados, cuyos dramas personales se diluyen en la inmensidad de las estadísticas económicas y sociales. Sólo de vez en cuando estas víctimas recuperan públicamente su nombre propio, su historia, en reportajes o testimonios, o en noticias que narran fatales desenlaces o finales felices de sus particulares historias de vida.
De vez en cuando, estas noticia y reportajes, movilizan conciencias y hacen saltar alarmas sobre la profundidad de la crisis económica y social en la que estamos viviendo. Tomadas en su conjunto, nos llevan a preguntarnos si no está España al borde de una crisis humanitaria.
¿Qué es una crisis humanitaria?
Para el ciudadano medio, las crisis humanitarias suelen identificarse con los episodios provocados por grandes catástrofes, como huracanes o terremotos, y, en el extremo más mediático, por las emergencias complejas, que generalmente se vinculan a conflictos armados, poblaciones desplazadas o refugiadas, incapacidad del acceso a los medios más básicos para la vida como el agua o la alimentación, y violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Casos como el tifón de Filipinas, el Tsunami en Indonesia, el terremoto en Haití, la guerra civil en Siria o los numerosos conflictos en África serían ejemplos de unas y otras.
Sin embargo, la mayoría de las crisis humanitarias permanecen ocultas a la opinión pública, por lo que hace tiempo que las organizaciones humanitarias hablan de “crisis olvidadas”, aquellas que han pasado de las primeras páginas de los medios de comunicación y que han sufrido la denominada “fatiga del donante”. También se han consolidado las llamadas “protracted crisis”, o crisis prolongadas, que sin tener la intensidad de una emergencia humanitaria, permanecen durante años a un nivel de intensidad suficiente como para seguir amenazando la vida y la seguridad de las personas.
La Coalición Humanitaria, un grupo de organizaciones formado por CARE, OXFAM, Save the Children y Plan International en Canadá, define las crisis humanitarias como:
An event or series of events which represents a critical threat to the health, safety, security or wellbeing of a community or other large group of people, usually over a wide area” (Un evento o serie de eventos que representa una amenaza crítica para la salud, la seguridad o el bienestar de una comunidad o de otro grupo grande de personas, usualmente sobre un área territorial amplia).
Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación define las crisis prolongadas como aquellas caracterizadas de la siguiente manera:
Protracted crisis situations are characterized by recurrent natural disasters and/or conflict, weak governance, longstanding food crises, breakdown of livelihoods and insufficient institutional capacity to react to the crises” (Las situaciones prolongadas de crisis están caracterizadas por conflictos o desastres naturales recurrentes, gobernanza débil, crisis alimentaria de larga duración, quiebra de los medios de vida y capacidad institucional insuficiente para reaccionar a las crisis).
La apelación al término “humanitario”  incluye pero no se circunscribe únicamente a las emergencias complejas. Por poner un ejemplo, el Programa Mundial de Alimentos, la primera agencia de ayuda alimentaria a nivel mundial, mantiene operaciones de apoyo a la alimentación infantil a través de comedores escolares en 61 países. De estas 61 operaciones, sólo el 11% corresponden a operaciones de emergencia.
Podríamos entonces determinar que una crisis humanitaria es aquella situación en la que la salud, la seguridad humana o el bienestar se encuentran críticamente amenazados para un elevado número de personas, y donde no existe capacidad institucional suficiente para reaccionar a la misma. Es decir, que la caracterización de la crisis incluye el desbordamiento de las capacidades institucionales locales (públicas, de mercado o comunitarias, como las familias) para garantizar la salud, la seguridad o el bienestar de la población.
El ciudadano medio puede considerar que estas situaciones sólo se dan en países en vías de desarrollo, en la medida en que se supone que los países desarrollados tienen la capacidad institucional suficiente como para hacer frente a emergencias y situaciones de este tipo, incluyendo la asistencia sanitaria, la ayuda alimentaria o la provisión de refugio a desplazados. Sin embargo, no siempre es así. El desastre del huracán Katrina en 2005 puede ser considerado como una crisis humanitaria, en la medida en que los servicios públicos de Estados Unidos se vieron rápidamente desbordados y no pocos países ofrecieron ayuda para apoyar las tareas del gobierno norteamericano en el socorro de las víctimas. Sin embargo, el acceder a este tipo de ayuda internacional suele, para los países que sufren de este tipo de emergencias, ser identificado como un reconocimiento de la incapacidad soberana para gestionar sus propias crisis, y los países desarrollados han sido y son reacios a solicitar este tipo de apoyos internacionales, salvo para el caso concreto de emergencias muy agudas –por ejemplo, Japón y el terremoto de marzo de 2011.
Las causas de las crisis humanitarias pueden ser múltiples, incluyendo las causas económicas. Tal fue el caso de la crisis económica en Argentina, como acreditó en su momento la Organización Panamericana de la Salud a través de su informe “Efectos sociosanitarios de la crisis 2001-2003“. Un estudio publicado por la Brookings Institution, evaluando el papel del FMI en dicha crisis, también la consideró un desastre humanitario. Sin embargo, oficialmente nunca se ha declarado una crisis humanitaria como consecuencia de un programa de ajuste estructural del FMI o del Banco Mundial. Aunque el informe de evaluación independiente de los programas de ajuste estructural (informe SAPRIN) concluye que los programas de ajuste estructural han incrementado la inseguridad alimentaria y la pobreza, no muestra evidencias de que haya una relación directa y unívoca entre dichos programas de ajuste y la generación de crisis humanitarias.
¿Es la emergencia social en Europa un tipo de crisis humanitaria?
De acuerdo con algunos estudios, Europa se enfrenta a una crisis social y económica que está teniendo efectos en el ámbito de lo humanitario. En otras palabras, la capacidad institucional local está siendo desbordada por las amenazas a la salud, el bienestar y la seguridad humana de importantes sectores de la población. Así lo expresa el informe “Think differently” de la Federación Internacional de la Cruz Roja. En el mismo se recoge información sobre la situación social y humanitaria de numerosos países de la Unión Europea, llegando a la conclusión, en boca de la máxima representante de la Federación,  Bekele Geleta, de que en varios países la crisis está generando una situación que podría considerarse la peor crisis humanitaria en sesenta años. La Federación Internacional de la Cruz Roja –la primera organización humanitaria del mundo- no es la única que se expresa así. De manera similar lo hace el Consejo de Europa, el cual, en un reciente informe, considera que la austeridad está teniendo importantes costes humanos y está afectando a la práctica totalidad de los derechos humanos.
En el caso de Grecia, la utilización del concepto “crisis humanitaria” ha sobrepasado el ámbito de la especulación.  El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados ya advirtió que en Grecia la situación de los asilados podría considerarse una Crisis Humanitaria. No han sido los únicos.  En un informe firmado por Amnistía Internacional, Médicos del Mundo, y el Consejo Griego de los refugiados, entre otros, corroboran esa opinión, que el presidente de Médicos del Mundo (otra organización de sobrada solvencia en el ámbito humanitario) extiende al conjunto de la situación Griega.
Datos no faltan para que quepa hacerse esa pregunta en otros países de la Unión Europea. La Unión Europea destina anualmente 500 millones de euros a proveer ayuda alimentaria a alrededor de 18 millones de europeos.  Y según datos de la propia Federación Internacional de la Cruz Roja, el apoyo alimentario de las sociedades nacionales de Cruz Roja se ha incrementado en un 75% en el período de la crisis económica. De acuerdo con la federación europea de bancos de alimentos, En países del este, como Bulgaria, el 50% de la población tenía, en 2011, dificultades para abordar regularmente una comida con el suficiente valor proteico.
¿Y España?
En España la situación social ha empeorado radicalmente desde el inicio de la crisis. La Cruz Roja Española ha declarado que entre 2009 y 2012, su programa de apoyo alimentario ha incrementado el número de beneficiarios de 514.000 a  1,2 millones. De acuerdo con el INE, en el año 2012, el 2,6% de la población no podía permitirse una comida con carne o pescado cada dos días. Esta cifra representa alrededor de 1,2 millones de personas. De acuerdo con otras estimaciones, el 25% de los menores de 16 años sufre malnutrición. Cabe recordar a este respecto que la falta de una nutrición adecuada en menores tiene efectos graves e irreversibles en su desarrollo personal.
De acuerdo con el informe “Food Security Index” elaborado por The Economist Intelligence Unit, España cayó entre 2012 y 2013 del puesto 13 al 19 en materia de seguridad alimentaria, muy lejos de suponer un problema en materia de seguridad alimentaria nacional, pero con un claro deterioro en los índicadores globales.
En relación con la situación del sistema sanitario, publicaciones tan prestigiosas como The Economist como The Lancet (uno de los diarios médicos más prestigiosos del mundo) se han hecho eco sobre los efectos de los recortes sanitarios en la salud pública, especialmente en la asistencia a inmigrantes, señalando esta última publicación el riesgo de un auténtico “problema humanitario“. Se calcula de alrededor de 870.000 inmigrantes han perdido la asistencia sanitaria, lo cual incrementa el riesgo epidemiológico y de incidencia de enfermedades como el VIH o la tuberculosis.
Informes sobre la situación social de España en la crisis hay muchos y de variadas calidades, por lo que no cabe aquí recordarlos todos. La pregunta de fondo es: ¿son estos datos suficientes para hablar de crisis humanitaria en España? Más allá de la indignación social causada por casos puntuales que terminan saliendo a la agenda pública –malnutrición infantil, desahucios y pérdida de viviendas, dificultades de acceso a los servicios sanitarios que terminan con la muerte del paciente…- y que son amplificados por los medios de comunicación, ¿son estos casos sencillamente eso, casos aislados, o la punta del iceberg de lo que está ocurriendo o de lo que puede ocurrir si no ponemos remedio?
Es difícil llegar a una conclusión determinante. Hay quien, por mor de la precisión, alerta sobre la conveniencia de no alarmar a la población con exageraciones conceptuales. Otros, como ya hemos podido comprobar, se han referido a la situación de los países del sur de Europa –y especialmente de Grecia- definiéndola como crisis humanitaria.
Es evidente que nos cuesta disociar el concepto de crisis humanitaria de las imágenes que nos ofrecen los medios de comunicación sobre diferentes emergencias complejas. “No estamos así”.
A este respecto conviene recordar que desde una perspectiva global, no somos tan ajenos a circunstancias que comúnmente caracterizaríamos como “tercermundistas”. Basten algunos ejemplos. España ha reducido su Ayuda Oficial al Desarrollo en los últimos años hasta dejarla reducida a su mínima expresión. Si hoy preguntásemos si España es donante o receptora de AOD, la mayoría de la población consideraría que somos un país donante. Sin embargo, en los últimos 30 años, España ha recibido miles de millones de euros –en cuantías superiores a su AOD- a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional y del Fondo Social Europeo, una suerte de Ayuda Oficial al Desarrollo intraeuropea. (Sólo en el período 2007-2013, se habían presupuestado 31 mil millones de euros a tales efectos). Cuando Luis de Guindos negociaba en el Eurogrupo el rescate bancario de España, se filtró el SMS que le envió el presidente del gobierno “No somos Uganda”. Es decir, a España no se la rescata, eso es para los países subdesarrollados. Sin embargo, sí firmamos el memorando de entendimiento, recibimos un crédito multilateral y estuvimos sometidos a la condicionalidad de la Troika formada por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Un rescate en toda regla, se vista como se vista. Un último ejemplo: España ha vuelto a ser, gracias a la crisis, un país receptor neto de remesas de emigrantes, característica bien común en países en vías de desarrollo.
De la misma manera, nos puede costar aceptar que España corre el riesgo de verse involucrada en una crisis humanitaria. Sencillamente porque las palabras nos recuerdan a Siria, Sudán, o el Cuerno de África. Por supuesto que no veremos campos de refugiados ni grandes hambrunas en España, y hacer esa proyección mental no tiene ningún sentido ni rigor.  Las situaciones no admiten ningún tipo de comparación al respecto. El deterioro social generado por la crisis económica está muy lejos de plantearnos un escenario dantesco de hambrunas generalizadas y de desaparición del Estado de derecho. De existir una crisis humanitaria en España, no tendría esa cara, sino otra mucho más difusa y difícil de identificar.
La clave del riesgo no es sólo el incremento de las cifras de pobreza, malnutrición y dificultades económicas, que con ser muy significativo, no representa un desplome en barrena de los indicadores sociales. Por poner un ejemplo, la tasa de pobreza monetaria (porcentaje de población con una renta per cápita inferior al 60% de la renta mediana) representaba el 22,2% en 2012, y en 2007, previo a la crisis, un 19,7%. Es difícil justificar el uso de la expresión “crisis humanitaria” con un 22,2% de tasa de pobreza y no hacerlo con un 19,7%, por mucho que estas cifras representen un incremento del 17% en el porcentaje de población que sufre pobreza monetaria.  A juicio de este autor, el hecho diferencial que amplifica las posibilidades de riesgo humanitario es que las capacidades institucionales para luchar contra la pobreza y la exclusión no sólo no han crecido al ritmo de la vulnerabilidad de la población, sino que han menguado debido al ajuste fiscal. De esta manera, ya es habitual ver informes y mensajes que alertan sobre la  falta de capacidad institucional para hacer frente a las necesidades sociales de la población más empobrecida (servicios sociales y sanitarios desbordados, recortes presupuestarios, falta de políticas públicas adecuadas, agotamiento de la capacidad de resistencia de las familias), si bien queda todavía mucha información por recoger al respecto. Por poner cifras comparables, de acuerdo con EUROSTAT, entre 2007 y 2011, la tasa de pobreza monetaria creció un 17% (esto es, en alrededor de 1,7 millones de personas), mientras el gasto público per cápita contra la exclusión social se redujo, en términos reales, en un 25%[ii].
Exclusion2
Con independencia de la conclusión a las que haya llegado el lector sobre la existencia o no de una posible crisis humanitaria en España, dado el grave deterioro de las condiciones sociales, que incrementa la vulnerabilidad de amplios sectores de la población, y la falta de capacidad institucional para hacer frente a dicha vulnerabilidad, cabe preguntarse, con honestidad y sin ponernos anteojeras, si no es la hora de reconocer los riesgos que corremos como sociedad y de actuar en consecuencia, antes de que sea demasiado tarde, si no lo es ya.


[ii] En relación al gasto social total (incluyendo salud, pensiones y desempleo) per cápita en términos reales (euros constantes de 2005), creció entre 2007 y 2011 un 13%. El pico se alcanzó en 2009 con 5236 euros per cápita, descendiendo hasta 5097 euros en 2011. Hasta el momento EUROSTAT no ofrece datos más actualizados.

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